Agave azul: el corazón del tequila
Si eres un amante del tequila o solo quieres conocer más de este fascinante mundo, a continuación te contaremos sobre la planta responsable de dar vida a este elixir: el agave azul.
Detrás de la variedad de historias y leyendas en torno al tequila y su “sagrado” origen, o de su innegable presencia dentro de la cultura mexicana, existe un elemento aún más importante que da vida a este icónico destilado: el agave azul. Y es que aunque pocos lo sepan, el tequila, para obtener el derecho de ser llamado de esta manera, debe provenir de esta hermosa y pletórica planta que, al igual que el mismo tequila, se ha convertido en una imagen recurrente al hablar de este destilado y su infinito legado.
Para entender mejor la importancia de esta planta dentro de la tradición tequilera, primero es necesario conocer el origen de esta bebida y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo dentro de la cultura mexicana.
¿Quieres conocer más sobre el agave azul y descubrir la forma en la que el tequila nació? A continuación te lo contamos todo.
La historia del agave azul
A pesar de la importancia de las últimas décadas en la constitución y fortalecimiento de la industria tequilera, este elixir cuenta con una historia que se remonta a la época prehispánica en México gracias a la presencia del agave, el cual fungía como un elemento con la virtud y capacidad de brindar un gran número de alimentos y herramientas de trabajo a la población como el vino, vinagre, miel e incluso hilo.
Diversas evidencias arqueológicas demuestran su uso cotidiano y ritual gracias al hallazgo de ofrendas que incluyen partes de esta planta, así como la localización de corazones jimados y hornos empleados para la extracción del líquido en diversas zonas de los actuales poblados de Tequila y Sayula.
Incluso, gracias a una diversidad de códices, como el Tonalmatinahuatl, el agave fue representado como parte de las actividades agrícolas y de producción en el México antiguo, así como un elemento presente en la misma cosmovisión de la sociedad mesoamericana.
Con el paso del tiempo, esta planta se convirtió en la base para distintas variedades de tequila que hoy existen en el mercado, cada una con características particulares dependiendo de su proceso de elaboración y tiempo de maduración.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XVII que los primeros indicios del agave azul se plantaron en la región cuna de este elixir: Tequila.
Ubicado en la zona de los Valles del estado de Jalisco, sitio en donde también confluyen la Sierra Madre Occidental y el Eje Neovolcánico, Tequila cuenta con condiciones únicas y especiales como la presencia de un campo volcánico conformado por 6 cráteres arropados por las corrientes de lava basáltica.
Estos elementos brindaron a la planta de agave azul un mayor porcentaje de azúcares que los obtenidos en suelos planos.
A pesar de su fácil adaptabilidad y crecimiento, el agave azul no obtuvo el reconocimiento adecuado hasta la primera década del siglo XX, cuando el botánico Frederic Albert Constantin Weber clasificó esta planta, dándole también su nombre actual: agave tequilana Weber azul.
Posterior a esto, y con el objetivo de proteger, a nivel internacional, al agave azul y el paisaje agavero de México, la planta fue renombrada oficialmente como agave tequilana Weber.
Este legado histórico también forma parte de la riqueza cultural que rodea al tequila y que lo ha convertido en uno de los destilados más representativos de México a nivel internacional.
Características del agave azul
La planta del agave azul, descrita por los españoles como “maravillosa”, pertenece a la familia Agavácea, nativa de las regiones xerófilas de México.
En su constitución destacan sus numerosas hojas gruesas y carnosas, las cuales están acomodadas en forma de roseta. De igual manera, su tallo es leñoso y corto además de que sus hojas parecen surgir desde la raíz.
Se suele sembrar previo a la estación lluviosa con la finalidad de que la semilla aproveche toda la humedad existente. Aunque la cosecha del agave azul se realiza durante todo el año, esta cuenta con un período de crecimiento de entre 8 y 10 años.
Durante este lapso, la planta llega a medir hasta 2.10 metros de altura así como 2.3 metros de ancho.
Entre sus características más importantes destaca la capacidad de la planta para utilizar de manera eficiente el agua, lo que le permite sobrevivir en condiciones áridas y semiáridas. Esto la hace capaz de soportar condiciones de estrés causadas por el ambiente como altas temperaturas, suelos con salinidad o déficit hídrico.
Gracias a su riqueza en azúcares, el corazón del agave se convierte en la materia prima esencial para la producción del tequila, proceso que incluye cocción, fermentación y destilación antes de obtener el destilado final.
A pesar de su gran capacidad de resistencia, el mantenimiento del agave cuenta con una constante vigilancia por parte de los jimadores y productores para asegurar la rica reserva de azúcares que posteriormente dará vida al tequila.
Quienes desean conocer más sobre las diferentes expresiones de este destilado pueden explorar también las variedades disponibles dentro del portafolio de la marca.
Hoy en día, y además de ser la planta que da vida al tequila, el agave azul se ha convertido en el principal elemento del paisaje agavero en México, conformado principalmente por los municipios de Teuchitlán, Magdalena, Tequila, Amatitán y El Arenal.
Este paisaje agavero, junto con las antiguas instalaciones industriales de tequila, ha sido reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO debido a su enorme valor histórico y cultural.
